álamos convertidos en farolas
le cantan mientras corre tras los coches
dejando un rastro de humo. Entre las olas
del lino luce un broche
sumido en amarga melancolía,
cansado de un eterno intento vano
por guardarle del beso de mil manos,
Madame de la Gran Vía.
Mate la tenue luz de ese cigarro
y deje que sean sus ojos los que brillen,
dos oscuros guijarros
que luchen con los faros y mancillen
con el reflejo del albor del día
sus mejillas perladas por el barro,
Madame de la Gran vía.
Venga esta luna conmigo, y paseemos
bajo la voz de luces ambarinas.
Corramos las cortinas
de la suite de un motel de crisantemos
Volvámonos blasfemos
de la fe de la púdica María
Amor de Celestina...
Reza por el abrazo de tu esquina
Madame de la Gran Vía.
Tu boca es otra noche igual de fría...
Mi amor y tus monedas, vida mía
Madame de la Gran Vía...
Poltergeist